domingo, 6 de octubre de 2013

AIZCORBE

Había pasado muchas veces por la Vuelta del Castillo sin haber prestado atención a la estatua de Aizcorbe. Es curioso como las prisas hacen que muchas veces no nos paremos a observar y contemplar algo que siempre ha estado ahí y que, a la vez nunca ha estado a nuestros ojos. Aún más curioso es el hecho de que una simple cámara de fotografía cambie esta actitud. Empezamos a querer conseguir imágenes que nadie ha podido conseguir y, para eso, empezamos a PARARNOS y empezamos a buscar hasta el más mínimo detalle de aquella realidad.  Las prisas para un fotógrafo no existen.
Buscando esos pequeños detalle he podido sacar esta pequeña conclusión: La estatua de Aizcorbe representa la fuerza del débil. Todo la firmeza y autoridad que el bloque presenta se apoya en lo que son las dos piezas más pequeñas de este. Me gusta ese concepto. Hasta lo más grandioso e imponente necesita y  depende de lo más discreto y minúsculo.








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