Miré aquella fotografía y, sin darme cuenta, ya te conocía más de lo que creía. Vi la dulzura y la ternura que reflejaban tus ojos caídos. Hacía mucho tiempo que no apreciaba esa expresividad en una mirada. Una mirada sumamente delatadora, pues tú, muchacha conocida allá donde vas, nunca me diste a conocer la timidez que este disparo supo robarte.
Toca esa canción y acompáñala con susurros dulces y tímidos tarareos que me hacen cerrar los ojos e inventar nuevas historias. Toca esa guitarra y aviva ese trozo de madera y cuerdas. Y si cierras los ojos, no los abras. Simplemente, toca.




























